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Este aceite base tiene sus raíces en la Norte América indígena, pero el secreto de su éxito está en no ser técnicamente un aceite.

Así es, mientras el aceite de coco, el aceite de almendra, aguacate, oliva, o semilla de uva son todos beneficiosos en su propio derecho, cuando hablamos de beneficios para la piel, la jojoba se lleva el premio con honores. ¿Pero a qué se debe todo este elogio? Este producto ha sido la base de ungüentos medicinales desde hace siglos, y hoy entendemos perfectamente por qué, y nos demuestra que nuestra relación con esta nuez es milagrosa.

Como mencione anteriormente, el aceite de jojoba no es aceite, al menos no en un sentido molecular. Mientras que el coco, la almendra, y la oliva contiene un alto grado de triglicéridos (cadenas de moléculas de grasa), la jojoba cuenta con algo llamado ésteres de cera, una combinación entre un ácido y alcohol. Por un lado, esto hace el aceite de jojoba indigerible, lo pero lo transforma en un manjar dérmico.


Lo ideal de utilizar productos naturales y puros, es que permiten al cuerpo absorber y aprovechar todos los beneficios. El organismo sabe cuándo algo es natural. He aquí la pura magia del aceite de jojoba: su estructura molecular, la manera en que es construida por las reglas de la naturaleza, es tan similar al sebo de nuestra propia piel, que no nota la diferencia al ser aplicada a ella. Para dermis secas, esto es un salvador, ya que el cuerpo acepta la jojoba como si fuese parte de su propio organismo.



Una vez adentro, el paquete de nutrientes de esta nuez limpia, purifica y alimenta la piel. Contando con cobre, zinc, y vitaminas A y E, emerge un poder antioxidante que mantiene la piel rejuvenecida, sus células perpetuamente en un estado de purificación y sana replicación. Y con Omega 6, y vitaminas C y B, la hidratación de la dermis junto a la protección de virus y bacterias hacen la cura esencial para personas que sufren de acné, psoriasis, dermatitis, o mera sequedad de la piel. Más, su composición como éster de cera también le permite formar una capa protectora una vez aplicada, sus capacidades protectoras, actúan como un hipo-alergénico, escudo de agentes nocivos para nuestro organismo.



Sea para aliviar problemas específicos, o en el uso día a día para prevenirlos, no existen razones para no aprovechar de este fruto milagroso.

Pareciese como si esta planta hubiese sido creada exclusivamente para ser la medicina dérmica perfecta. Los nativos norteamericanos se aseguraron de sellar nuestro destino con ella, y hoy, sólo nos queda quedar maravillados ante las propiedades elementales de la jojoba. Emparejado con aceites de lavanda, menta, aguacate, o manteca de argán, la variedad de usos que se le puede dar se magnifican en maneras exorbitantes. En una buena porción de nuestras recetas, puedes estar seguro que el aceite de jojoba nos acompañará, mano a mano como el elixir sagrado, regalo de nuestra Madre Tierra.


Actualizado: 20 de oct de 2020



Nuestras cabelleras son las coronas que usamos sobre nuestras cabezas a toda hora, y aunque no estemos afuera en un lindo restaurante, o paseando por la calle mostrándonos al mundo, queremos que esa corona esté lo más sana y bien cultivada posible.


Sí, dije “cultivar”, porque eso es básicamente lo que sucede con nuestro pelo: crece, lo cortamos, lo regamos, y una y otra vez. Son algo como los jardines de nuestra cabeza. Y si bien es tan parecido el concepto, hay bastantes cosas que podemos aprender de nuestro propio cabello viendo cómo el jardinero puede dedicarse a cuidar una cama de rosas. Pero aterricemos un poco esta metáfora para seguir.

Nuestras dietas influyen bastante en el ritmo y calidad en que nuestro cabello crece. Nuestra comida es la “semilla” (por así decir) de nuestro pelo. Pero una vez ya está crecido, ¿Qué le sucede? No hay venas o vasos que recorran cada pelo en particular para suministrarle nutrientes. Por eso, de esto nos debemos ocupar activamente: “fertilizar” nuestro cabello.


Champús y acondicionadores pueden satisfacer las necesidades más básicas de la salud folicular, pero incluso las marcas más caras y extravagantes pueden contener químicos con los que uno estaría mejor evitando. Por alguna razón no nos recomiendan usar champú todos los días, ni siquiera acondicionador. Estos químicos destruyen los aceites naturales del cabello, a la larga volviendo el cuero cabelludo insípido, sin lustre, y sin nutrición. Por suerte, en aceites naturales, somos aquí los expertos.


Lavemos el pelo cuando esté sucio, sudado, y generalmente huela mal, sí. Pero, ¿con qué lo nutrimos? El concepto es básico, fácil de implementar, y libre de personalizar. El punto será que, eventualmente, puedas armar tu propia mascarilla capilar con los aromas y texturas que más te gusten. Todos tenemos nuestra propia corona, por lo que debemos volvernos íntimos con ella y experimentar un poco para saber qué mejor le conviene.


Vamos a utilizar tres recetas de mascarillas sin enjuague con texturas distintas para que te familiarices con el concepto. Estas son para aplicar de raíz a punta del cabello, y dejarlo actuar todo el día, sin baño necesario. Así planees quedarte en casa o estás a punto de salir y necesitas ese brillo extra, estas recetas son para ti.

Mascarilla capilar 1

Empezaremos con


- 40g de aloe vera licuados con

- 10ml de aceite de jojoba

- 30ml de agua

- Una cucharadita de aceite de aguacate.


Durante una semana esta emulsionada mascarilla a base de agua podrá descansar en tu refrigerador para utilizarlo cada día. Pero repasemos: el aloe vera es el cactus milagroso que todo quien debería tener o en gel, o directamente la planta; es un hidratador fantástico que limpia la piel de impuridades. El aceite de jojoba y el agua son nuestra base, actuando como los componentes naturales que sostienen los productos milagrosos. Y finalmente, el aceite de aguacate es el ángel de la guarda del cabello, proveyendo amino ácidos que fortalecen el cuero cabelludo, y proteínas que nutren el folículo, raíz de cada pelo. Con tal superagente en la mezcla, esta receta es idílica para personas con problemas de caída de cabello.


Mascarilla capilar 2

Ahora vamos con algo más cremoso:


- 30g de manteca de karité

- 10ml de aceite de argán

(nuestra nueva base)


- 1 cucharadita de miel

- 2 a 3 gotas de tu aceite esencial favorito (sugiero la lavanda por su relajante aroma y propiedades de crecimiento del cabello).


Esta consistencia más densa a veces se necesita mezclar y calentar a baño maría, colocando un tazón sobre una olla con agua hirviendo. En climas fríos puede incluso volverse demasiado espeso para ser aplicado cómodamente, así que ten en cuenta en dónde vives y toma las medidas necesarias para elaborar tu receta.

Mascarilla capilar 3

Finalmente:


- 60g de manteca de karité derretidos

- 2 cucharaditas de aceite de aguacate y

- 6 gotas de aceite esencial


conforman nuestra mascarilla aceitosa, en caso de que el cuero cabelludo no esté produciendo su propio aceite debidamente. Ésta vez, dejo como ejemplo de experimentación al aceite de romero, otro producto que otorga brillo y fortaleza a la fibra capilar.


Con estos conocimientos, invitamos a todos a experimentar y encontrar la mezcla para ellos. Pelos lisos quizás prefieran bases de agua, mientras las cremosas serían para cabeceras más densas y onduladas. ¿Cuál es la mejor para ti? Nada duele intentar, ya que de todas maneras le estás dando a tu corona la nutrición necesaria para hacerte lucir como realeza.


GREEN HARMONY ECUADOR 

DAULE - ECUADOR

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